Páginas

viernes, 28 de diciembre de 2012

"DIFÍCIL PERO NO IMPOSIBLE" por mí y a mi manera

Por casualidad tuitera aterricé en dominios de la Pelirroja Maravilla (@PrincesaSamaria) y como usualmente hago con nuevos conocidos, stalkie un poco su TL y me alegró ver que tenía un blog. Lo que nunca me imaginé fue encontrarme, precisamente hoy, un post que me tocara las fibras y me hiciera recordar que se vale pedir al universo lo que uno quiere, porque se puede y porque honestamente, uno se lo merece.

Ella escribió DIFÍCIL PERO NO IMPOSIBLE, en donde al final invitó a que la acompañáramos a hacer nuestra propia lista.

Así que, he aquí la mía en forma de carta dirigida a ese que seguramente a esta hora camina por alguna calle en el mundo pensando que tal vez es día de afeitarse y cortarse el pelo, pero no lo hará. A ti, querido amigo, quiero decirte que cuando te veo en mi cabeza no eres demasiado alto, pero lo suficiente para que al ponerme tacones, mi boca quede más cerca a la tuya y ninguno deba esforzarse demasiado.

Te veo y me gusta tu forma de vestir, sabes perfectamente cuándo usar tus Dr. Martens con una camisa a la que le va corbata, corbatín o simplemente mis manos cuando abra y cierre los botones. Sabes bien que nunca superé el punk rock y provocas mi sensible juicio con camisetas de bandas, jeans que te ajustan a la medida y tenis de esos que yo también me pongo cuando quiero sentir que a pesar de los cambios, sigue en mí la que entiende que las canciones le hablan.

Me gustan tus manos, tus uñas pulcras que no delatan exceso de cuidado, pero tampoco de olvido. Me gustan tus brazos, fuertes para sostenerme cuando pierdo el equilibrio con tanta facilidad y por los que podría sentarme a mirarte infinitos días, tratando de inventar caminos en medio de tus tatuajes. Me gusta tu pelo y me gusta mucho más cuando puedo pasar mis dedos a través de el, logrando despertar cada fibra de tu cuerpo.

Admiro tu independencia, que no me hagas capitán de tu barco cuando jamás es lo que he deseado. Me encantan tus historias de viajes, incluso los que harás sin mí y de los que volverás queriendo compartirme hasta el último detalle. No tengo que trabajar por dos, porque tú sabes hacerlo por ti mismo y en tus logros sabes bien quién eres.  

Pero lo mejor de ti…. Lo mejor de ti lo encuentro en tu decencia, en tu moderación para tratar con amor cada parte de mí. Usas las palabras correctas para adorarme y usas las perfectas para ayudarme a corregir mis errores. Tus prácticas oratorias me impresionan, hablas con pasión de tu carrera y no desgastas tu voz en dañar a otros, eso no es lo tuyo. Tienes el don de escuchar, realmente escuchar y luego, en el momento menos pensado, recordar los detalles de mis conversaciones erráticas.

Me respetas, me cuidas, me consientes, me mimas y debates con ternura mis ideas que no se pegan a ti. Y eso mi querido, me gusta mucho de ti. Tú eres quien eres, yo soy quien soy y en un milagro de esos que pasan cada tanto, encontramos que somos dos cuerpos moldeables, de materias independientes que al ser unidas son más fuertes.

Tienes una familia que amas y a la que me invitas para llegar a ver, en unos y otros, las cualidades que te hacen tú. Yo también te reveló la magia de mi sangre, magia construida por una historia que aprecias y entiendes. En nuestro pasado hay lucha, esa que nos ha llevado a encontrarnos. 

Nunca me cansaría de hablar contigo, parece un baile ensayado donde no me pisas ni yo a ti. Te llevas bien con mis amigos y sabes que ese par son invaluables almas gemelas que llegaron antes de ti y me han acompañado en lo bueno, lo malo y lo extraño; los quieres porque me quieren, los respetas porque confías en mi cordura y sabes que si están conmigo es porque me rodeo de personas honestas con ellos y sus vidas.  

Si bien sabes reconocer la niña dentro de mí, manifiesta todo el tiempo en mis movimientos y momentos de ocasional inocencia, también sabes manejarme hasta convertirme en una diosa con poderes terrenales. La cordura la pierdes sólo cuando es necesario para darme permiso de explorar el mundo con la boca, las manos y la imaginación. Ser salvaje está permitido, es bienvenido y agradecido porque ves mis colores, esos que te dicen que no soy toda dulzura o locura o ternura o lujuria, sino todas al tiempo.

Aprecio que planees conmigo los nombres de esos seres que quieres construir de mi mano algún día. No nos faltará tiempo para enseñarles la vida con valores, rock and roll y libros para colorear. Quieres verme envejecer, quieres ver mis tatuajes arrugados y faltos de color cuando cumpla 80, quieres escuchar mis historias, mis regaños, mi voz horrible cantando canciones en inglés.

Ah! Querido amigo, no sabes cuántas ganas tengo de conocerte. Y si algo de lo que dije aquí de tu apariencia es demasiado diferente de ti, no te asustes, recuerda siempre que soy cinturón negro en el arte de la imaginación y de mis años de gimnasta me quedó flexibilidad de sobra. Sólo ten presente que el amor de la vida es un proceso y que mi alma bien tratada puede acompañarte a vivirlo para siempre.

Prometo darle tu nombre a esta carta/lista cuando te conozca y a cambio me puedes dar una carta escrita con tu propia letra, genial ortografía y siempre -siempre- menos ingenio que el mío al escribir. 

Es una cita... una que vendrá y para la que alisto mi digno corazón. 


Con amor, 

Catt

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La vida sigue


No sé dónde estaría si no soñara a diario. Siento una fuerza irreconocible, de esas que se cuelan por los pies, suben por las piernas y terminan en un cosquilleo vergonzoso en los ojos. Por primera vez me doy la oportunidad de ser, estar, creer y vivir por nadie más que por mí misma. Se me fue un amor, pero me llegó uno irreconocible y poderoso… el propio. Es delicioso no sentir miedo de la vida, estar emocionado por la soledad, por la libertad de caminar sin afán y correr cuánto uno quiera en el gimnasio sin tener que dar explicaciones. 

Este es un momento de mi vida que quiero recordar para siempre, para nunca olvidarme de mi valentía y jamás descuidar esas cosas que deben ser nada más que magia, porque así se sienten. 

Se acabó el tiempo de pensar que sola no era suficiente, que necesitaba al lado a alguien que validara mis planes y me diera la mano para pasar la calle. Ahora tengo el poder de pasar la calle torpemente, dormir en la mitad de la cama, escribirles mensajes de amor a mis amigos y trabajar hasta tarde en la noche acompañada por canciones que me nutren de energía. 

Llega un punto en la vida que te exige ser consecuente con tus ideas y demanda tu mejor esfuerzo para ser feliz. Tal vez me atropelló un carro lleno de egoísmo o simplemente se apagó uno de esos interruptores de duda que me hacía una mujer insegura a ratos, pero estoy convencida de que lo necesario hoy es andar por mi cuenta, practicando lo aprendido todos estos años y convenciéndome de que no es un juego merecerme el cielo. 

Hace poco escuché lo siguiente: 

“There is a vitality, a life force, a quickening that is translated through you into action, and there is only one of you in all time. This expression is unique, and if you block it, it will never exist through any other medium; and be lost. The world will not have it.

It is not your business to determine how good it is, not how it compares with other expression. It is your business to keep it yours clearly and directly, to keep the channel open. You have to keep open and aware directly to the urges that motivate you. Keep the channel open.”

Es una idea cocinada por Martha Graham y llegó a mí en el momento perfecto para comérmela con lágrimas en los ojos. No se trata de comparaciones ni de mejores ni peores, se trata de apreciar eso que somos y nos hace alguien digno de amar y ser amado en todos los sentidos. 

Siempre escuchaba que la gente decía “¿Cómo vas a amar alguien sin antes amarte a ti mismo?” y honestamente no lo entendía del todo. Pero a mi rutina llegaron las pistas y por fin lo siento. Hasta no construirme y sentir paz de haber cumplido con lo que quiero –que por extensión es por lo que mi familia también ha luchado desde que me trajeron al mundo-, no seré capaz de entregarle amor, amistad, paciencia y dedicación a nadie. 

No es tan fácil aprender a moverse solo, pero no es imposible y si los canales están abiertos, inevitablemente surgen oportunidades para rodearse de personas positivas, libres de miedos y llenas de acción. Soy libre y en mi libertad correré el riesgo de dejar salir el instinto, dejando que me guíe. 

No renuncio al amor ni al sueño de tener una familia, al contrario, dejaré que llegue el día en que me encuentre con ese sujeto de buen corazón, respetuoso y amable que a veces me imagino. Trabajar en uno mismo es lo menos que nos debemos por convivir a diario con nuestras ideas, mal genios y alegrías. Me despedí con gratitud del pasado y estoy lista para vivir con los ojos más abiertos que nunca. Espero que la sorpresa no deje de aparecer y siga mezclándose con mis planes. 


La fe y la esperanza me acompañan…. May the force be with me,


Con amor,
Catt

sábado, 4 de agosto de 2012

La partida



Todavía recuerdo el día en que llegaste a nuestras vidas, era sábado, hacía la tediosa tarea de matemáticas y escuché el inconfundible pito del carro de mi papá. Lo siguiente fue un grito desde la calle pidiéndome que saliera. Vi el carro y a mi papá bajarse de él. Su sonrisa no se me olvida, me invitaba a abrir la puerta del copiloto y así lo hice. Cuando abrí sólo me encontré con un papel periódico soportando un líquido amarillo denso y oloroso. Mi cara de decepción le avisó a mi papá que no había encontrado nada y él se apresuró a mostrarme mi habitual falta de detalle. Te sacó, apretado en su mano y no pude más que amarte desde la primera vez que te vi. 

El pequeño peludo, gris y chillón, ese eras tú, según mi papá eras el hostigador de la camada, no dejabas a tus hermanos en paz y reclamabas a gritos que te quisieran pronto. Mi papá te escogió y pronto te estabas orinando en su carro, sin que él se enojara o te gritara, al contrario, te alentaba a ser tú, a morder, a ladrar, a chillar, a orinarte donde se te diera la gana. Eras el hijo más esperado mi papá y así lo fuiste todos estos años.

Al comienzo tuve miedo de que mi mamá, la anti-mascotas, te echara a la calle o tratara de quitarte las pulgas con baygon –justo como intentó (inocentemente)- quitarle las pulgas a Tinny. El desenlace de Tinny fue un verdadero des-enlace de la vida. Sobrepasando todas las expectativas, mi mamá fue también la tuya, te cuido, te limpió, te durmió, te cocinó, etc. Con los años era evidente que no eras la mascota, ¡ni que lo creas¡, tú eras mi hermano.

Corrí contigo muchas veces maravillada de tu velocidad, de los músculos de tus paticas, traté de enseñarte a dormir conmigo, pero no lo logré, te di una cerveza con mi hermano para que pudieras viajar sin vomitar, te pedí compañía y me la diste, te pedí infinita amistad y también me la diste, pero lo más importante, te pedí que siempre, toda la vida, me miraras con tus ojos tan puros y llenos de bondad, y nunca me fallaste. Tu mirada se queda aquí conmigo para siempre mientras corres nuevamente joven.

Mi adorado Pongo, nombrado así por una obsesión con los 101 Dálmatas en mi infancia, nunca olvidaré cómo cantábamos juntos ni cómo me gustaba acariciarte el caminito que había desde tus hermosos ojos hasta la nariz. No olvidaré que hiciste magia en mi mamá y que ella te amó con todo su corazón hasta el último momento.  Pero tampoco olvidaré las sonrisas que le sacabas a mi papá cuando nosotros no éramos capaces de sacarle ni una mirada. Ustedes dos eran la pareja que faltó por salir caminando por el parque en 101 Dálmatas cuando Roger y Pongo miraban por la ventana y Roger dijo: todos los perros se parecen a su dueño.

No sé quién te extrañará más, sólo sé que los papeles cambiaron y ahora no es mi papá quien me da la noticia de tu vida, sino seré yo quien lo reciba de su viaje proveniente del norte, con la noticia de tu partida. A Dios se le olvidó hacer más compatibles las vidas de los perros con la de los humanos… o tal vez lo que realmente quiso fue darnos una muestra de pureza que jamás podremos repetir y sólo atesorar.

Hasta pronto hermanito, hasta que tenga la fortuna de volver a verte y perderme en tus ojitos, hasta ahí te veré.

Con amor para ti,

Catt

jueves, 24 de mayo de 2012

De.crecer


Pasaban los años y de una extraña manera yo seguía sin sentirme grande. Cuando tenía 8 años y me hablaban de alguien de 24, pensaba que me estaban hablando de una etapa de adultez vecina a la vejez más lejana. Suponía que una persona de 24 años ya tenía la vida resuelta, estaba casada, tenía hijos, perro, casa y plata suficiente para comprar inútiles pero magníficos enseres a cada impulso provocado por antojos femeninos que aun no entiendo. Y el tiempo fue pasando hasta que llegaron estos años excesivamente charlatanes que no dejan de hablar en mi cabeza y hacerme creer que a alguien le importa leer este blog.  

La verdad es que en esta sensación de niñez que me invade la mayor parte del tiempo y que impregna mis rasgos físicos, vivo muy feliz. Me hace falta todo, pero en los momentos placenteros que pienso en mí misma, me alegro de ver eso en lo que me estoy convirtiendo. Hace falta que comprometa menos mis ideas, que sin importar quién me vea, me escuche o me lea, sepa que me gusta ver Cuentos de los Hermanos Grimm los domingos por la mañana, caminar descalza y dormir en sudadera. Necesito que los ojos que me rodean y a veces me ven con un aire de condescendencia,  sepan desde ya, si no lo tenían claro, que disfruto de la soledad, de las caminatas, la saga de Twilight y las películas de Hayao Miyasaki (sí, como lo leen, una cosa al lado de la otra). 

No veo porqué ocultar que me encantan los shows de cocina y aventuras culinarias, alternados por dosis ridículas de Teen Mom. La televisión borra la imaginación (como dice Zoe), pero lo que no entienden es que mi imaginación tiene vida propia y a veces necesito ponerle mute o me enloquezco. Como dicen esas cartas faltas de emoción: “A quien interese”… aquí le digo a quien interese que cuando chiquita no me di permiso de gustar de colores como el rosado, así que ahora que no soy TAN chiquita, me doy licencia para comprar pequeñeces rosa para que combinen con la niña que tanto me posee. Ayer me di cuenta que me han costado 24 años de mi vida poder dejar de ser madura y decrecer en un buen sentido. 

En el avance de los años no sólo salen arrugas, celulitis o cayos en los dedos, también salen cualidades inmejorables como la contemplación, en este caso, la contemplación de alguien más que está al lado y por quien ya sería imposible seguir pensándose a sí mismo como uno, como solo. Nuestras pieles convertidas por poco en armaduras por culpa de la vida adulta llena de juicios y prejuicios, deben aun tener pequeños orificios por donde dejar filtrar la esencia del otro. “Déjame amar mis libros, como yo te dejo amar tu fútbol”.   

Ser grande no es ni ser alto ni tener muchos años, es vivir con amor por la vida propia, es querer mucho los recuerdos y a las personas en ellos, es ser fiel a los instintos sin importar las miradas inquisidoras pendientes de decirte que estás mal. Sin saberlo, acabo de entrar en otra etapa de la vida en la que tendré que inevitablemente ser adulta, hacerme mis comidas y compartirlas con mi nueva familia, ceder en mi espacio y entrar en el de él. Crecer no es fácil, pero genera un miedo emocionante y una infinita curiosidad por saber qué seguirá pasando. 

Con amor, 

Catt

Pd. La niña dentro de mí le saca la lengua a todos y cada uno de ustedes.

ah! y no, no estoy embarazada. Era la camisa de ese día.

miércoles, 16 de mayo de 2012

El culto a mi oficinismo

Yo nunca soñé con sentarme en un escritorio todos los días de 8 a 5 con almuerzos acompañados por jugo hecho por la señora de la cafetería. Pero mis decisiones me han traído a este momento de mi vida que incesantemente quiero cambiar. No tengo más que arrepentimientos por lo que he hecho con mi vida laboral, sobre todo porque no ha sido falta de oportunidades -esas han bailado delante de mis ojos y sólo para mí-, sino porque las he dejado ir vigiladas por una estúpida arrogancia.

Y como no tengo una máquina del tiempo, sino este blog capaz sólo de transportar mentes, aun no cuerpos, hace tiempo supe que tenía que seguir adelante y comerme los arrepentimientos o de lo contrario nunca podría saborear las nuevas oportunidades; tan diferentes de lo que quise, más llenas de sorpresa y aprendizaje. Así, aterricé en una casa antigua llena de historias viejas de prostíbulo a las que les atribuyen ruidos sin aparente procedencia; a lo que los cortos de imaginación le atinan a decir que han de ser las camas rechinantes del pasado.

Aquí he aprendido que la paciencia y unos buenos audífonos son suficientes para salvar vidas. He escuchado toda la discografía de Ricardo Arjona, Franco de Vita y Maná, asunto que al comienzo me producía espasmos y agrieras, pero debo admitir que sin gustarme, cuando mis oídos se tropiezan con estos sonidos en un bus, recuerdo a mi oficina y sus habitantes con cariño.  Sigo encontrando aburridoras estas listas de reproducción, pero qué le vamos a hacer si el que pone esa música es ahora mi BBF oficinista y mi mamá me hizo tan políticamente (in)correcta que no soy capaz de decirle que no me gustan. Además, es un señor (en todo el sentido de la palabra) y no me imagino diciéndole que le baje o se ponga audífonos, porque le rompería su tierno corazón. Eso sí, a veces cuando se va a almorzar y deja sonando una de estas listas de reproducción que incluyen también a Don Omar y Shakira, me pongo mi media velada delincuencial en la cabeza y le apago el computador a la fuerza. Los de soporte de sistemas aun no entienden qué le pasa al aparato.

Aquí he entendido que estar rodeado de viejos verdes no es difícil, lo difícil es aprender a manejar el arte de ser amable sin dejar que te apreten hacia ellos cuando te saludan o te babeen el cachete al menor descuido.  Y hay que tener clara una cosa: si hieres el corazón de un morboso oficinista, atente a las consecuencias, esos tiene la lengua larga y afilada. También se aprende que en el mundo hay tantos parásitos como moléculas de aire y que si uno no tiene cuidado, esos parásitos son capaces de robar ideas y correr -como bambie en la pradera- hasta la oficina del jefe, reclamando las ideas como suyas. Otro asunto importante es el salutativo -yo te saludo, tú me saludas-, aunque no siempre funciona y así usted no lo crea, hay gente que aun cuando te escucha decirles "hola", no te voltea ni a mirar.

Las oficinas están llenas de personajes de cuento. Hay brujas, principes, héroes (heroínas también) y animales de la pradera como zorros, perros y sus esposas (...). Están las mujeres fatales que uno no sabe cómo (*aham*), pero logran todo lo que se proponen y están las ninjas oficinistas: secretarias rápidas e inteligentes que sin entrometerse demasiado, lo ven todo y saben cómo combatirlo sin afán. Es un circo, una selva, el lugar al que todos los días venimos y el que erroneamente, algunos consideran su vida. Me gusta pensar que cuando pongo mis boticas pretenciosas fuera de la oficina, entro a mi vida y no al contrario.  Tantos odios egocéntricos en la vida laboral lo único que prueban es que la gente no es feliz en su vida privada, que algo les falta o como he escuchado decir a ciertos ordinarios : "no les dan setso en la casa y por eso vienen a desquitarsen al trabajo". El que se toma personal el trabajo, no sabe trabajar, otra cosa muy diferente es tomarse en serio el trabajo e imprimirle las mejores cualidades de uno mismo. 

De la universidad salí pensando que todo era posible, que era cuestión de tiempo para que me comiera el mundo y no le quedara nada a nadie más, pero el tiempo pasó y entré en una depresión post-parto (porque la universidad me parió a este mundo extraño) y entendí que, como dice mi jefe, hay que trabajar con lo que se tiene. Yo trabajo con la amabilidad de las señoras del tinto, esas que todos los benditos días entran una vez por la mañana, una vez por la tarde, y no escatiman en sonrisas para decirle a uno buenos días, buenas tardes. Esas mismas que saben qué toma quién y cómo le gusta el té de hierbas al jefe. Las mismas que cuando nos encontramos en el baño saben si pueden seguir echando chisme delante tuyo, sólo porque les pareces confiable.  Y no otras diferentes de las que me sacan la piedra todos los días por dejar abiertas las puertas que encontraron cerradas, pero qué le vamos a hacer.

También hay que agradecer la protección de los celadores y sus piropos, su particular forma de tutear y sus disimuladas miradas apuntando al trasero cuando uno pasa por su lado. Cada vez que los saludo pienso que no pierdo nada con devolverles la sonrisa  y ahí me acuerdo de que algunos son jóvenes de mi misma edad, que también tienen amigos, también se burlan de la gente que para ellos lo amerita y que al fin y al cabo, los dos estamos trabajando por muchas cosas en común: pagar la comida, comprarse uno que otro lujito y ser personas de bien.

Sufrí por mucho tiempo de un mal que ahora considero "pendejo"; no es que creyera que nadie se merecía mi compañía en los almuerzos, pero sí un poquito. Inconcientemente pensaba  (si es que eso es posible) que tenía que juntarme con eclécticos intelectuales de artes, cinematografía o prensa, hasta el día que le di la oportunidad a un grupo de ingenieras/administradora/contadora/bebéencamino y me topé con un mundo maravilloso al que había estado dándole la espalda: el mundo del chisme inofensivo. Inofensivo porque a nadie dañamos (ninguna tiene poder), pero que nos relaja a la hora del almuerzo y en mi caso, me hace sentir social cuando en tantos momentos lo he evitado. Hasta tengo compañera de bus y nos acompañamos a caminar por el "bajo mundo" de osea San Victorino, cuando queremos comprar chucherías. 

Las lecciones que he aprendido en este mundo oficinista me hacen sentir satisfecha, por supuesto no pienso pasarme la vida sentada detrás de este escritorio y de hecho cuento los días en el calendario con corazones rosados a la espera del futuro. Pero mientras tanto, es mejor disfrutarlo y sentirlo, que pasarme por encima sin darme cuenta y luego reconocer un mundo de posibilidades perdidas.  Las lecciones se aprenden y como dije en una exposición esta semana: de la frustración también nacen las ideas.

"Because you have to make this life livable" DM. Porque si no, se jodieron.

Con amor (y después de mucho tiempo),

Catt

jueves, 9 de febrero de 2012

El presente


Todos los días me levanto pensando en cómo sería tener plena tranquilidad. Que no necesite pedir prestado para el bus cuando no me han pagado o que no tenga que cargar todos los días una lonchera llena de comida que inevitablemente va a oler en el bus. Empiezan a avanzar las horas y pienso en la fortuna de aquellos que cada 15 días reciben un pago fijo, pago resultado de su trabajo bien remunerado en empresas que además de reconocer lo que hacen, los protegen en caso de enfermedad, es decir, les pagan salud y por si fuera poco, pensión. Miró la hora y apago los nervios de ir tarde al trabajo, no importa si es muy temprano o muy tarde, padezco la terrible enfermedad del contratista. 

De pie en el bus, rodeada de vendedores de San Victorino y enfermos que van al Hospital de la Misericordia, se roban mi atención las tristezas de la gente del nuevo cartucho, uno “menos sucio” y por donde transitan carros, pero tan miserable y desgraciado como el anterior. Ahí me digo “Mis preocupaciones no son nada, esta gente sí sufre de verdad”, pero cuando me bajo y empiezo a rodear la Casa de Nariño, otra vez se me olvidan las penas de los otros y me concentro en las mías. Ha de ser efecto de una cúpula invisible que borra de la mente la compasión con el otro y la necesidad de ayudarle, pero no sólo tiene efecto en mí, sino en varios cientos de elegantes personas que con portafolios de Mario Hernández desfilan por la calle presidencial. Unas cuadras de distancia bastan para pretender que el mundo es perfecto. 

Y entonces vuelvo a divagar en mis preocupaciones, entro a la habitación déjà vu en la que todos los días se repite todo, la luz de bombillo blanco, el saludo de buenos días sin mirar a los ojos y el agua de la llave que sabe a azúcar de paquetico. Saco el marcador rosado y pongo un corazón sobre el día en el calendario que acaba de empezar, hay días en los que me tomo un buen rato para ver los muchos corazones que he marcado, el problema es que es febrero y hay poco corazón. Es inevitable que a diario me pregunte por el futuro, por el fin de año y por el comienzo de otra vida pronto. 

Pasan las horas y entre navegar, trabajar, trabajar y navegar, planeo soluciones para lograr las demenciales ocurrencias que quiero hacer en mi vida. Aunque no me enojaría si de la nada apareciera un dictador y me impusiera unirme a una flota gitana en la que las mujeres no tienen que trabajar, sino dedicarse a tener hijos, cuidarlos y darle amor a sus maridos. Pero el sonido de la impresora me despierta de mi usual soñar-despierta y me digo a mí misma: “¡No! Aléjate de mí machismogitanoquetodoscriticanperoqueestancómodo” y vuelvo a concentrarme en tener una especialización y maestría antes de los 30, hablar perfecto inglés, francés y japonés, tener aunque sea un hijo lleno de maravillosos talentos con quien pueda pasar todo el tiempo que sea necesario y mantener la diversión de amar locamente a maridito. 

Llega la hora del almuerzo y sufro. Me invento planes para no tener que almorzar con gente, para no tener que quedarme mucho tiempo sentada escuchando conversaciones que sólo prueban que tienen el alma envenenada (por aquello de “la envidia mata el alma y la envenena”). Me como mis papitas fritas hechas en casa, a pesar de que las pobres pierden todo su encanto al desfilar por el horno  microondas. Algo no deja de rondar por mi cabeza y cuando lo identifico le escribo un mensaje con un contenido que más o menos dice: Te amo. Lo anterior desencadena otra lluvia de preocupaciones, como por ejemplo: ¿cuándo vamos a tener una casa para hacer lo que se nos venga en gana? ¿Por qué se murió el perro? ¿Por qué no aprendes francés rápido? ¿Por qué no tenemos un hijo? ¡Noooo! Un hijo no. ¿Habrá salido el trabajo que cotizamos? ¿Cuándo nos llamarán de Canadá? ¿Por qué mi compañero de puesto tiene que escuchar tanto a Ricardo Arjona? Ricardo Arjona tiene cara de escolta de novela de caracol. ¿Será que ya pagaron? ¿Por qué siempre que escribo el final de la clave mal la borro toda y vuelvo a empezar? ¿Se darán cuenta de mi pelo sucio? Tengo que arreglarme las uñas. No he hecho la tarea de la universidad. 

Y así se va muriendo el día después de almuerzo, hasta que una llamada lo detiene. Es del Banco de Occidente o del Citybank o de cualquier banco en realidad. Llaman por veinteava vez para ofrecerme el cielo y la tierra por trabajar donde trabajo, pero como las únicas nubes que me como son las rosadas de azúcar que venden en el parque, le sigo la corriente a los asesores (que parecen haber tomado un curso motivacional con Carlos Calero*). Siempre parezco ser el perfecto prospecto para endeudarme hasta el cuello con tarjetas de crédito con cupos de hasta 5 veces mi salario y aunque FACILMENTE me podría gastar esos milloncitos, sé por adelantado que ni mi edad ni mi enfermedad -la de contratista por prestación de servicios-, me abrirían las puertas financieras. 

Las llamadas siempre terminan más o menos con el asesor bancario a punto de venirse, en un trance de felicidad que suena mejor que algo sexual y conmigo portándome como un novio precoz que se viene de mala gana y no deja venir a su compañera. Les corto la emoción de golpe diciendo: Soy menor de 25 años y llevo menos de año y medio de continuidad con este contrato. El final de la llamada no tiene ni el 5% de ganas con las que empezó y supongo que los asesores cuelgan y se sientan un ratico a llorar la oportunidad perdida.

Lo mejor está al final del día. Lista para atravesar el centro aparentando una posesión malévola que ahuyente a los ladrones, me cuelgo el bolso y la lonchera vacía. Con amabilidad me despido de mi jefe y él hace lo mismo. La diferencia es que hoy su “chao Cata” está acompañado de “estás como gordita” y un dedito y una risita que parecen ser la clave para encenderme la cara. ¿Qué se supone que debo responder? Mil cosas seguro, pero sólo me sale contrariarlo y decirle que es el peinado el que le da esa impresión. 

Terminada la rutina, llegan las horas que harán de mi futuro un mundo diferente. Es la hora de entrar a clase y eso sí que lo hago sin una gota sarcasmo. Amén.  



Con amor,
Catt     


*Si no conoce a Carlos Calero, haga clic aquí sólo tiene que ver el comienzo del video y no se asuste si cree que es Pauly D hablando en español. En realidad es Calerito más bronceado y mal peinado que la estrella de Jersey Shore. 



  Por supuesto las imágenes no me pertenecen. Dios me libre de eso.