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lunes, 22 de agosto de 2011

Ella me traumatizó

(Los nombres y lugares han sido modificados por la seguridad de los personajes de la historia…. Mentira, han sido cambiados porque quise y porque en el fondo no quiero herir a nadie (sí, me preocupa el qué dirán un poco). De todas formas los originales son sorprendentemente parecidos a los que aquí escribo).

Ella era flaca, siempre midió un poco más que yo (modestos 1.60m), tenía las uñas largas, los ojos de un color entre verde, café y amarillo, las pestañas largas, era pecosa, de cejas muy pobladas y tenía la nariz y los dientes torcidos. Un día vio a Juanito y Juanita en un comercial de Sonría y encontró la mágica solución a lo que parecía el problema más difícil de resolver: los dientes (ahí ni pensar en arreglarse la nariz). Yo no la conocía cuando esos alambres plateados anidaron en su boca, pero cuando dejé de conocerla, todavía existían y ya habían dejado huella las resinas amarillas; seguro tenía una estrecha relación con esos brackets para haberlos soportado por más de 4 años. 

Yo pertenecía al 3, desde siempre, desde chiquita, desde primero de primaria cuando mi mejor amiga se llamó Ana Lucía Piedrahita H*. (diciendo hache al final), pero la vida se empeña en que conozcas más colores que el rosado y cuando entré a séptimo, una lista de nombres en papel blanco, me informó que la era del 3 se había terminado y era hora de sumergirme en las oscuras aguas del 702. Estudiar en un colegio de niñas puede ser una buena experiencia (en serio), lejos de las historias obscenas y antihigiénicas de los colegios de niños o de los cuentos imaginados por hombrecitos pubertos que creen que un colegio femenino es una “arepería 24 horas”, el colegio femenino que me tocó A MÍ, estuvo dentro de lo que la gente llama: normal.

Así, con mi maleta de Winnie The Pooh, las medias hasta la rodilla y el delantal bien planchadito, entré al 702 con las conocidas pero desconocidas caras de niñas con quienes nunca había compartido. Uno no escoge a los amigos, los escoge el pupitre; razón por la cual terminé sentada al lado de Camila y nos hicimos amigas bastante rápido. Siguió Vivian, Sara, María y la última, la amante de los brackets y el pelo largo: Julieta. Aquí me detengo y enfoco, Julieta es mi objetivo. A ella le gustaba pintarse las uñas como en los catálogos de esmaltes; mucho “francés”, colores pastel, florecitas de decoración y escarcha por todos lados. También le gustaba usar un brillo en tubo que le dejaba los labios mojados y brillantes, cosa que me parecía estupenda y quise imitar de inmediato. Era una persona divertida, calificada de bruta por todas las compañeras de clase, pero bruta chistosa.

Julieta hablaba duro y en clase siempre nos regañaban por culpa de ella, se reía fuerte, no medía la potencia con que decía tanta estupidez. Además tenía malísima ortografía y cantaba canciones de Rossy War y Mecano. Debo confesar que muchas veces me sentí terriblemente inteligente al lado de ella, pero ni eso fue importante al lado de sentirme mucho menos bonita. De mucha gente a mí alrededor escuchaba que Julieta no tenía gracia, pero a medida que pasaban los días, yo la veía más bonita. Dejé de usar “cola de caballo” a diario (un peinado) y la remplacé por pelo suelto y hebillas de colores. Me volví vanidosa, me arreglaba las uñas y me empecé a poner ombligueras y descaderados. Era la copia barata de la curiosa Julieta. Pero el cambio dio sus frutos, pensé yo. Después de hablar casi un año por teléfono con mi vecinito, le di la extraordinaria oportunidad de conocerme, a mí, a la renovada niña que ya no se ponía botas militares y tenía el pelo cortico, sino a la que se ponía un “chicle” debajo del jean para rellenarlo.

Debería decir que gracias a Julieta fui valiente y tuve mi primer noviecito escolar. En la primera cita fuimos a cine a ver “Shrek 1” un día de un partido de Colombia. Yo pagué mi boleta porque me pareció lo más correcto y él invitó la comida. El vecinito se hizo un peinado de púas inofensivas con gel y usó la camiseta de la selección, yo me puse un pantalón negro, con botas de plataforma, una ombliguera verde lima y un cardigan largo negro (demasiado elegante para haberme regado la gaseosa y un poco de maíz en el ombligo; y lo de cardigan, por supuesto que lo aprendí después, pero eso era). Me daba miedo hablarle y a él le gustaba hablar de “La Tele” a lo que un día respondí: a mí también me gusta la tele, sobretodo el chavo – Martín de Francisco y Santiago Moure eran para mí lo mismo que elegancia y etiqueta para Julieta-. El vecinito se convirtió en un amigo que me llamaba todos los días después de que me bajaba de la ruta y luego de que terminaba de hacer tareas.

Pasó el primer año de 702 y yo me sentía feliz, diez centímetros de pelo largo ganados, muchos pelitos perdidos en las cejas y un grupo de amigas que podría describir como las taradas que actúan en “La Rosa de Guadalupe” en el papel de Best Friends Forever. Mi vecinito seguía en el panorama y todo se hizo más serio un día que me preguntó con una carta si quería ser su novia (pondría una foto, pero la rabia que viene más adelante asesinó dicho papelito). Estar en octavo era emocionante, mis papás me daban permiso de ir a las casas de mis amigas y quedarme hasta tarde. Ese año conocí a dos niñas nuevas, a Jeimy y a Sasha (recuerden que los nombres se parecen mucho al original), quienes me cayeron de maravilla a pesar de que Jeimy iba a cumplir 15 años y yo apenas había cumplido 13. Jeimy era experimentada, había fumado, había tenido muchos novios y decía todo el tiempo que estaba arrecha. Estar arrecho se convirtió en una palabra normal entre ella y yo, yo misma la decía muchas veces: estoy arrecha entonces voy a tomar agua, estoy arrecha entonces voy a salirme del salón... El problema era que ella sí sabía el significado de su arrechera, yo torpemente creía que estar arrecho era estar de mal genio o aburrido.

Julish (todos los nombres los terminábamos en ish) y yo teníamos en común el baile, éramos las líderes de todo lo que tuviera que ver con bailes y coreografías. Mucha de nuestra inspiración se llamaba Britney Spears, lo que condujo nuestra relación a una batalla por saberse las canciones y ser la más parecida a la señorita Spears. Con el idioma siempre me fue mejor, hasta pienso que con Britney aprendí a adorar el inglés, con la pinta ella siempre me ganó. Tan grande fue su victoria sobre mí que un día llegó y me dijo: Catish, mira lo que mi mamá me regaló de cumpleaños (imagen: ombligo perforado portando una joya con una piedra brillante y un aro colgando). Eso era todo, yo había perdido, mi mamá jamás me habría dejado perforarme el ombligo. Momento, ella no me habría dejado, pero mi necia astucia halló la forma de escabullirse una tarde en el barrio Venecia, con Jeimy y juntando la plata de onces de todo un mes me perforé el ombligo. Lo hizo un amigo de Jeimy que perforaba sin pedirme estar acompañada por mis papás y me dejó escoger la joya más loba que pude encontrar, pero yo seguía siendo feliz en el rodadero de perdiendoacatasindarsecuenta. 

   
 Prueba de nuestros bailes y el amor de cachorro con que veía a Julish
De izquierda a derecha: niña buena gente, Julish, YO

El grupo se hizo grande, con Jeimy y Sasha la “amistad” también creció. Julieta era mi mejor amiga, mi mentora. No me importaba que tuviera bozo o las cejas pobladas o la nariz torcida o los brackets caídos. Yo la veía perfecta, todo eso eran pequeños detalles. Yo disfrutaba ir a su casa y ver su closet, un derroche de rosado, brillantes, colores pastel, ombligueras, trasparencias y b e b e ‘s en la cola de los pantalones de material toalla. Era un paraíso ordinario y guiso, pero ahí, al lado del teléfono de tigre, estaba mi mente a prueba de sentido común y yo quería el mismo closet (que gracias a Dios mi mamá nunca me patrocinó). Además la creía inocente, leal… virgen. ¡Sí! yo creía que Julieta era virgen (de labios porque no se hablaba todavía de otras virginidades) y de hecho lo era, el problema es a quién escogió para sacudirse la mojigatería que luego le brotó por los poros como sudor a futbolista del chocó. 

Un día, llevé a Julieta y a Sasha**  con la enorme excusa de tener una tarea en grupo. Era costumbre llevar ropa en la maleta, así que nos arreglamos para ir a donde un vecino que nos ayudaría a pintar un mural, bueno, esa fue la versión que mi mamá supo. En realidad íbamos a donde mi noviecito que había invitado a sus amigos para pasar la tarde con nosotras. Yo había descrito a Julieta infinidad de veces a mi vecinito, le contaba las mejores historias de ella y lo genial que era.  Él siempre se burlaba de su nombre, Julieta le parecía de mal gusto y lobo (una vez más, recuerden que los nombres han sido cambiados), aunque supongo que tantas historias le generaron interés. Entrada la tarde, con una botella de coca-cola desocupada jugamos a la verdad/se atreve. Nosotras siempre pedíamos la verdad, mientras que ellos se atrevían (excepto conmigo por respeto a su amigo dijeron). 

Hasta que le tocó a mi vecinito/novio/pelosparadoscongel y la botella apuntó a Julieta. La dinámica del juego era una mezcla entre el juego de la botella y la verdad/se atreve; el que giraba la botella proponía LV/SA a quien terminaba apuntando el vidrio. Entonces, él, como todo un galán, le propuso a Julieta escoger que se atreviera y ella sin mucho pudor aceptó. Mi lentitud, falta de sentido común y ausencia de lógica se juntaron y no entendí nada. Vi cómo mi supuesto novio se llevó de la mano a mi supuesta amiga en dirección a un cuarto y ella, antes de entrar, me dijo moviendo los labios: tranquila Catish que nada pasa. 

Los amigos de mi vecinito trataron de entretenerme, Sasha, calmada como siempre, me decía que nada pasaba. No me acuerdo cuánto tiempo pasó y por fin salieron. Se rieron, él actuó como si nada y Julieta, la inocente y virgen de labios, hizo su mejor actuación de serenidad. No percibí nada fuera de lo normal y la preocupación de llegar a la casa se apoderó de mí. Salimos corriendo y poco después recogieron a mis dos amigas. Conociéndome, estoy segura de que esa noche me dormí feliz por tener una historia para contar en el colegio al siguiente día. Dos días después, luego de haber comprado una donna de chocolate, una niña ajena a mi grupo, pero que siempre me cayó bien, interrumpió mi mordisco y me obligó a escuchar a un perrito asustado que venía detrás de ella. Era Julieta con las geniales noticias de que se había “rumbiado” a mi noviecito y ya no era más virgen de labios. 

De ahí en adelante se partió la historia para bien. Dejé de ver a Julieta con amor de cachorro, terminé con el vecinito, me aburrí de las uñas pintadas (sólo por un tiempo, pero  lejos de los tonos pastel hasta la fecha), conservé el piercing por Britney Spears (me lo quité hace 5 años), al año siguiente conseguí traslado para otra sede del mismo colegio y mi vida apuntó hacia este presente donde estoy sentada en una oficina tomando mi precioso tiempo libre para escribir (“una de las dos cosas que más me gusta hacer en la vida”, como dijo William Vinazco Ch, tu tu, relatando con Paché). Julietica me traumatizó, pero de la mejor manera posible. Me hizo entender cuánto debía adorarme, a mi mente y a mi cuerpo, lo bonita que era sin tanto brillante, lo importante que es tener buenos amigos a tu lado que te enseñen sin esfuerzo la palabra lealtad. Aprendí gracias a ella que me gustaba el inglés, la filosofía y la ropa. Ella influyó en la decisión de cambiar, de adaptarme sin comprometerme a mí misma y me di la oportunidad de conocer personas que, aunque se escandalizaron con mi mal gusto al comienzo, tuvieron la paciencia de enseñarme a no ser de tan mal gusto. Ojalá alguna niña del colegio del que salí leyera esto para que sepa que le agradezco haber recibido a una Catalina traumatizada, la que cambió y desde hace tiempo le gusta cómo es y cómo se ve. 

Ella es Julish hace un par de años. Hoy está 10 veces mejor.

Toda esta entrada nació gracias a que Britney Spears viene a Colombia y estará en concierto, pensar en ella fue pensar en Julietica inevitablemente. En ese concierto, si la vida es tan mugre, me encontraré a Julish y la saludaré con una sonrisa, gratitud y la impresión de ver una vieja tan mamacita (sé que Julish es un bombón, les va una foto con la cara oculta, pero les aseguro que ya no queda ni rastro del bozo, la ceja poblada y los dientes y nariz chuecos, ahora parece modelo de jeans de una marca como “Salvaje” o algo así). 

Con amor, mucho amor por el pasado que me trajo aquí (a mi lugar, a mi esposo que me ama como soy),
Catt  
 
*Ana sí se llama así y no tengo queja ni reclamo entonces le di permiso de llamarse igual.
**Sasha, si algún día lees esto, siempre te voy a querer. Perdón por el Sasha, pero…

martes, 16 de agosto de 2011

Villanos, Héroes y Humanos


¡Qué extraño fin de semana! La selección perdió, el Bolillo tal vez siempre sí se queda en la otra selección, atraparon a “Sophie Germain” (hacker que hurgó la intimidad de Danielito Samper), Jessica Alba dio a luz a su segundo hijo, a Hillary Duff le pusieron un pancito en el hornito, a la bonita Natalia Valencia un hombre le robó su vida y a mi “Calimenio oh oh oh” le dio un soponcio en la Av. Boyacá y se estrelló contra un poste (para más noticias lea el periódico).  Que no se mal entienda que ponga temas tan importantes (porque deberían indignarnos a TODOS) como el desafortunado ataque a Natalia Valencia, al lado de la cuestión del pancito en el horno, pero es que así es la vida, todos vamos montados en un bus y mientras unos ríen por las picardías de la noche anterior, otros se engloban con las manías del compañero de puesto para ahuyentar el hambre. 

Me sentí especialmente extraña estos días de “puente festivo”; emborracharse abre muchos caminos así como cierra otros y en este caso, se me abrieron considerables lugares por dónde caminar mentalmente. Quiero partir hacia la calle odio. El odio, contado por los sinónimos de mi diccionario de Word, es aborrecimiento, animadversión, rencor, antipatía, tirria, resentimiento, ojeriza y enemistad. Extraño, pero ninguna de esas palabras me es indiferente cuando pienso en cierta persona. Un hombre joven que me ha enseñado lo difícil que es sentir odio, porque mi mamá no me enseñó a “ser porquería” (así dice ella), y al contrario me regaló la cualidad/defecto de ver a la gente con compasión cuando el cuerpo sólo quiere herir. He tenido que ver cómo una persona está aislada de la vida misma; él está incomunicado con su propia vida, con el amor, con la admiración y el respeto por sí mismo, no hay sueños porque si los hubiera, él protegería su cuerpo contra toda posibilidad de que a alguna edad deje de servir para complacer su ser creativo. Tal vez su “querer” inmediato es hacer parte del “Club de los 27” (ridículo), donde desfilan varias de las más impresionantes piezas de arte, mentes complejas y llenas de genialidad que no han sabido manejarse y se han perdido en el camino. Claro está (!!) que no creo que este individuo sea un genio de cualidades sobrenaturales, pero es un ser humano y me preocupa sentirlo como el villano de mi película. 

He escuchado gente diciendo que lo que odias del otro es el reflejo de los propios defectos… y ¡qué horror más espantoso! Me rehúso con mi vida a compartir cualquiera de los defectos de ese individuo. Me disgusta tanto esa idea como pensar que lo odio… que yo, la niña de mamá, siente ese verbo tan fuerte. Entonces, en la reflexión de odios y villanos, se cruza el primer cable y por primera vez mi cuerpo se siente capaz de actuar, de hablar y manotear, en vez de poner un simple “tuit”. Una audiencia de extraños y amados debió presenciar mi rabia por su odio hacia la vida, por el irrespeto al hogar de otros y lo más aburrido, ese yo que “ascendió de los infiernos” feliz por haber ganado la batalla contra la hipocresía, no tuvo rival, no recibió ni un grito ni una mal mirada ni nada. Fue una victoria triste porque a pesar de sentir justas mis acciones, herí a ese ser que sin darse cuenta me ha herido infinidad de veces y en esa sala, luego de ver perder a Colombia, fui peor que él. Yo, Catalinda, no sentí absoluta felicidad y me arrepentí de cómo expresé mis palabras, así como me arrepiento de ese lugar en el pasado cuando lo conocí y vi el primer indicio de villanía… ¿cómo no me aleje corriendo en cámara lenta? (lenta para hacerlo más memorable).  

Luego de caminar por la calle odio, me sacudí la rabia y me tome un ron con jugo de naranja. Más tarde en el baño, la inexperiencia y el orgullo de ser su portadora, eludieron el vómito y elevaron mi mente a la clase de un maestro que siempre admiraré, don asalto, quien puso en palabras esa sensación que siempre tuve acerca de los villanos, pues no son sólo eso (villanos), sino que también aman, también se emocionan, también tienen (o tenían) madre y también se sintieron solitos ciertas veces. Seguro que si un psicoanalista les dedicara tiempo a las brujas de Disney o a las antagonistas de nuestras novelas, las dejaría hechas unas princesas. El problema está en hasta dónde debería darme permiso de ser ese analista, ¿debería haber permiso? No creo que yo como yo (ja!) ni todos como comunidad debamos darnos ese permiso siempre. No podemos justificar a cada villano por más pequeña que parezca su falta. Me cuesta ver cómo le dan un pase libre para portarse mal a un hombre sólo porque tiene que ver con futbol. Un señor de nombre Hernán Darío Gómez, alias el Bolillo, golpea a una mujer y la reacción de la mayoría de colombianos (eso dicen las encuestas) es apoyarlo en este momento tan difícil. ¡Claro que necesita apoyo!, ¡claro que necesita amor! y ¡CLARO! que necesita terapia urgente para aprender a manejar su ira. Pero los dirigentes de nuestro país son tan villanos que cierran los ojitos y prefieren que rueden los balones aunque el mensaje sea “golpear está bien a veces, a veces nuestro prójimo lo tiene bien merecido”. 

Me da la impresión de que a esos hombres y mujeres justificadores de todo mal, no les leyeron cuentos infantiles y no aprendieron nunca sobre moralejas y lecciones de vida.

El lado brillante de la historia es que no todos son villanos. Hay tantos humanos con súper poderes, como lunares en la espalda de mi abuelita. Poderes de todas las clases, tamaños e impactos. Yo agradezco porque en el mismo fin de semana que vi el odio mirarme a los ojos, también vi compasión, amor y gratitud. Vi qué es cuando el tiempo vuela y los papás se hacen viejos y los hijos nos hacemos grandes dándonos la mano. Fui testigo de la vulnerabilidad de la vida y de cómo es posible que el cuerpo se convierta en una jaula abierta de donde se salgan el alma y los recuerdos, para quedarse las reacciones que aprendimos antes. Y en ese punto, con la puerta de la jaula abierta, pude ver a una mujer llena de poder que sin importar la ausencia, tomó a su mamá, usuaria de un escurridizo zutano llamado “Alzheimer”,  la llevo por un jardín y le dijo gracias con cada sonrisa. Me apena haber dedicado tantas palabras a malos sentimientos, pero este párrafo, chiquito como yo, significa mucho más que el resto del conjunto.

Hay seres humanos, a quienes les hace falta ser humanos, por tal razón hago público que me perdono a mí misma por haber sido más villana que humana. Pero al tiempo ruego por no perder la habilidad de ver en los demás su heroísmo (la cosa de los súper poderes) y así tal vez un día yo misma pueda ser una heroína; sí, con el calzón por encima de las medias pantalón y un brasier que me convierta en 34C con simetría perfecta.   

Hoy, con amor por el heroísmo,
Catt :)

martes, 9 de agosto de 2011

Con los pies sobre la tierra


Tanta polémica sobre el aborto y yo siento una descarga de sentimientos tristes al respecto. En la discusión hay opiniones volando de lado a lado, muchas de esas opiniones las escucho/leo de hombres, los mismos que no tienen útero ni pueden alojar bebés dentro de su cuerpo (y no es que no puedan opinar, sino que la primera palabra debe ser femenina). Es un tema tan difícil de pensar, de escribir, de hablar… ni siquiera me parece prudente cuando las mujeres salen a la calle a luchar porque el aborto sea aceptado. Creo que es una lucha tan personal e íntima que no veo porqué quieran gritar por las calles y hacer pancartas, pero también sé que si esas mujeres que protestan no se pararan ahí, todo sería una maraña de susurros peor de la que ya es. Tantas mujeres en el mundo, de todas las razas, colores, con idiomas tan diferentes, bajitas, altas, gordas, flacas, feas, bonitas y como quiera que sean, han paseado por la idea del aborto. Una idea que va en contra de muchas enseñanzas religiosas y morales; una idea que atropella la naturaleza de sentir amor desenfrenado porque sí. Pero no estamos en un mundo de amor desenfrenado, al contrario vivimos en un mundo de personas que piensan mucho, sobre analizan cada movimiento y acto. Este es el mundo de actuar rápido y disfrutar de libertades y posibilidades que, para quienes viven con los ojos abiertos, están en cada esquina. 

La sociedad de cada sociedad no es lo que solía ser, todavía vivimos estancados en prejuicios e ideas que agreden cada forma de pensar. Nadie se salva de críticas, nadie se salva de ser reprochado por alguien. Y a pesar de todo, todos queremos vivir, crecer, trabajar, conocer, amar, jugar, envejecer, etc. la diferencia es que todos no estamos dispuestos a lo mismo para beneficiarnos de esos verbos tan bonitos, tal vez los caminos a cada verbo son diferentes para cada persona. Ser mujer hoy se trata de ir por el mundo sacando las garras, pero no en el mal sentido de la expresión, sino sacando las garras para agarrarnos del mundo y que este no se vaya sin nosotras. 

°°°

“Ojalá nos ayuden a salvar a los niños de Colombia” dijo el presidente del partido conservador, y me pregunto: ¿de qué niños habla, de los que ya nacieron y viven en las calles con hambre, piojos, hongos en los pies por no tener zapatos, neumonía, mugre y sin saber qué es un colegio, un amigo o simplemente… sin saber qué es ser niño? O de pronto se refiere a los que tienen problemas de salud tan graves que son un cuerpo que goza de movimiento, pero no de vida. No, tal vez hable  de los niños millonarios, llenos de dinero, pero que no han tenido nada en realidad por culpa de la soledad y la falta de mamá y papá… Está bien, sí sé de qué niños habla (eso es obvio), pero me parece tan grotesco y de doble moral referirse a los niños no nacidos como los que hay que cuidar y salvar cuando estamos llenos de niños aquí y ahora que necesitan amor y cuidados. Niños que probablemente no lleguen a la adolescencia o que si llegan, se convertirán en adultos máquinas, esos que van por la vida sin razones y actúan sin convicciones pero con una alta dosis de inercia. Por supuesto estamos regidos por leyes y por supuesto que si el aborto se pusiera a consideración de TODOS los colombianos, sería prohibido por una amplia mayoría (porque es pecado CLARO*), pero ésta, siendo una decisión tan personal, ligada a las creencias de cada quien, por qué no se le deja a cada mujer, o cada pareja (si la mujer tiene la suerte de estar en una pareja).

Hace falta que las mujeres dejen de estar tan enamoradas del amor (dejemos) y de la idea del hogar feliz. Hoy no es suficiente desear y soñar, hay que trabajar, hay que estudiar, hay que vencer muchos obstáculos, hay que cuidar el amor de pareja y hay que ser agresivos a la hora de obtener lo que queremos. Y en cuanto a los hijos, perdón el horror pero va a sonar a cita de Franco de Vita, no basta tenerlos para darles teta mes y medio o menos (porque somos contratistas y la ley de maternidad no aplica para nosotras), luego dejarlos con la abuelita o la vecinita o en la guarderiita y a los 5 años mandarlos de 6am a 5pm a un colegio para luego llegar mamados a recogerlos y de un grito mandarlos a dormir. Yo sé que suena exagerado y muchas personas con hijos dirían que me equivoco y que aunque es difícil no es tan malo y todo se recompensa con ver la sonrisa de su retoño. PERO, cuando yo tenga hijos quiero darles todo, incluido mi tiempo, mis bailes ridículos, mis fenomenales compotas caseras, mis besos, mis abrazos, mis curas para cuando se golpeen, mis lecciones de gateo, visitas al zoológico, etc. quiero darme el lujo de hacerlo YO y no regalarle ese lujo a alguien que tal vez nunca entienda el amor tan gran que siento por mis hijos que todavía no he parido.  

Porque he ahí la cuestión, todos, hasta los que dicen no querer hijos u odiar a los niños, amamos a nuestros hijos no nacidos, amamos la idea de ellos, de lo que serán si los tenemos. Hay quienes adoramos volarnos un rato del trabajo y dar una vuelta por la imaginación y ver cómo sería nuestro bebé. Nadie se mete al paseo de tener hijos imaginándoselos tristes, con hambre, corriendo peligro en la calle o rindiendo mal en el colegio por falta de ayuda en la casa. Yo quiero una vida buena y plena para los que vengan, sean de mi barriga o de la de otra mujer, no hay ninguna razón para que cuando llegan al mundo no se les trate como bendiciones. Todo esto lo escribo a mi nombre y al de quien quiera adherirse, lo escribo porque considero una historia de terror traer hijos al mundo y no poder hacer más que un buen intento. Ellos se merecen la mejor cruzada y para eso debe haber mucha gente involucrada, no sólo la mamá, sino un papá, una familia, un techo, unos pañales, médicos dispuestos a vigilar su salud, espacio para jugar, espacio para aprender, amigos con quienes jugar, entre todas las cientos de situaciones en las que un niño sano pueda desarrollarse.

No sé hasta qué punto sea válido para todas las mujeres, no sé si las demás tienen parejas estables o si se la pasan de cama en cama proclamando una chiflada liberación femenina y realmente piensan que es "solución fácil" es sinónimo de aborto (PORQUE NO LO ES). Tampoco puedo saber las precisas condiciones en que le pasa a cada mujer algo así, y CLARO que no justifico esta decisión bajo CUALQUIER circunstancia, pero sí creo que hay momentos de la vida en que tenemos que ser egoístas con nuestros propios sentimientos para darle una oportunidad a alguien. 
 
Generalmente escribo más suelto y sin tantos moños, pero hoy no puedo, este tema es complicado y seguro hiere constantemente muchas, sino todas, sensibilidades; es un escenario lleno de tristeza, no el guayabo de una fiesta en vísperas de la siguiente, es el momento en que muchas mujeres dicen sí a un duelo que nunca termina, pero se amortigua cuando un día por la mañana encuentran en el espejo una mirada de perdón y se proponen a vivir una vida mejor y más responsable. 

Esto me ha motivado a iniciar una misión. Ya veré cómo resulta. 


Hoy sin tanto amor, pero con mucho al tiempo, 
Catt

*Por si la dudas, eso fue sarcasmo

Nota: A pesar de estas palabras, que ojalá se lean con respeto
así como se respeta de aquí para allá, siempre admiro y admiraré
a las mujeres que por amor son capaces de olvidarse de todo.

lunes, 1 de agosto de 2011

Si hubiera querido ver a Los Prisioneros, habría viajado al pasado en el Delorean

Viene de  Chispun a la carta

Debo empezar diciendo que la tarea de la última entrada falló. No hubo cámara para captar esos personajes tan bonitos que asistieron a la fiesta. Lo que sí puedo decir es que no me equivoqué y efectivamente el circo estuvo tal cual lo describí... En cuanto a la banda, creo que es cierto ese dicho "Ten cuidado con lo que deseas", porque se cumplió mi plegaria sobre que no fuera ruido cihispun chispun y resultó ser una electrónica blandita parecida a Los Prisioneros (sí, esa banda de Chile de los 90's 80's y que a su discreción queda si son buenos o malos). Caraja música me hizo bostezar durante 5 horas (tal vez fue menos, algunos dijeron que hora y media, pero para mí fueron 5). ¡Qué banda tan aburridora! qué sonido tan malo el del evento y el de los vaqueros on drugs, sí, on drugs, así dice una canción de ellos que se llama "Drugs in my body" y que según vi, era una de las 2 únicas canciones que la gente conocía. Gente que me provocó muchos mini ataques de risa al verlos más aburridos que en misa con la abuelita... bueno, no todos estaban aburridos, los medio animados estaban tan llevados del demonio que ni siquiera sabían dónde estaban ni con quién bailaban. 


Algo que no fue lo que esperaba fue mi querida Ana, estaba enferma, bailó, pero no llegó a la emoción de ojo cerrado  y no fue como usualmente es, pero de todas formas bailó. Lo de la pola en la tienda tampoco fue, Ana realmente quería un café, que se tomó, y yo me tomé un juguito naranja. La foto es un pie de limón que ella se comió en medio de la gripa. 

La tarea no la hice, pero no quiere decir que no la vaya a hacer nunca,  el sábado empieza mi entrenamiento de fotografía básica con una cámara que seguro es demasiado para empezar. La cosa es que espero que nadie se confunda por dicho entrenamiento; no quiero ser fotógrafa (QUE GRACIAS), sólo quiero ser capaz de mostrar lo que mis ojitos café con miel ven todos los días.

Con amor, 
Catt :)