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jueves, 15 de septiembre de 2011

"Cruza el amor, yo cruzaré los dedos"


(Sí, el título es de Puente de Cerati, a él mucho amor 
para que abra los ojos de una buena vez)

El amor, el amor. El amor hace que uno camine por la calle con cara de perrito recochón, alegre y sin notar lo que pasa alrededor. El amor eriza los pelitos de los brazos y nos hace sonreír cuando de lejos vemos al personaje que nos produce tanto amor (así él esté bravo por la impuntualidad). El amor le da más sentido a esas canciones empalagosas y cursis, porque al estar enamorados parecen escritas sólo para ambientar nuestro romance. Pero además de sentimientos, el amor está compuesto de muchos actos que vistos como hechos particulares, fuera de un contexto amoroso, pueden parecer todo, menos una expresión de afecto. Amar a alguien no es seguir un protocolo de rosas rojas, cartas de amor, canciones dedicadas y bolsillos pelados por tanta invitación; cuando amamos a alguien y el tiempo es nuestro aliado, ese amor se convierte en una amistad tan fuerte que cada conversación o salida juntos son absolutamente naturales.

Y en esa amistad, llena de la temida palabra “camaradería” (temida porque me suena a camarones abrazándose con sus paticas enredadas), además de escenas en cámara lenta de besos, abrazos y miradas coquetas, hay momentos que no quisiéramos compartir con nadie más; no por razones cursis, sino porque hemos depositado toda la confianza en el otro y ya no tememos mostrarle quiénes somos. Algunos incluso, contamos con la suerte de que ese hijo o hija de familias desconocidas, se haya convertido en familia, nuestra familia. El amor está sobrevalorado, se le atribuyen efectos mágicos y conductas más dulces que la miel revuelta con azúcar, pero es necesario detenerse y observar con precisión qué es eso que realmente nos da calor en los cachetes; cuando la novedad de los primeros meses y con suerte, los primeros años, se transforma (o evoluciona como en Pokemón) el amor está en cualquier parte. 

Es amor cuando un día por la mañana te levantas, vas al baño y dejas caer litros de agua sobre tu cabeza, luego, como en los comerciales de jabón, deslizas sonriente la espuma por todas partes y decides hacerte un autoexamen (IMPORTANTE para prevenir/detectar el cáncer de seno OJO!). Pero la escena Palmolive es interrumpida por un susto mayor, hay una masa extraña y en medio de prematuros pensamientos funerarios, tu esposo nota que dejaste de cantar sin aparente razón y te llama por tu nombre. Lo siguiente sí que es amor: tú, en bola, llena de jabón, shampoo, los ojos ardiendo y con temblor de chihuahua, le abres la puerta a tu esposo para que te ayude a comprobar lo que sentiste. Él, haciendo de tripas corazón (más tripa que corazón), toca por donde lo vas guiando y como es hombre dice: no siento nada; luego se sale y a pesar de que sigues asustada, descubres que ese hombre acabó de comportarse como un ser que ve más allá del sexo… más allá del sexo… y que un hombre haga eso, es para morirse de más amor.*

Otros días, especialmente los domingos, el amor es más difícil que nunca. Un humano normal quisiera estar en su cama, sin bañarse, comiendo (inserte aquí su plato favorito pedido a domicilio) y viendo películas o shows en la tv. Pero hay seres que no son humanos, son suegras, hermosas todas ellas, pero que tienen el asombroso don de querer cocinar una especialidad que requiere horas y horas de trabajo y horas y horas de lavado de platos. Así que uno, envidioso de los niños que juegan y ven televisión, se sienta en la cocina aunque sea a desgranar alverjas y a hablar de los últimos chismes de vecinos, tíos o amigos. “¿Si supiste que las hijas de Tutina se devolvieron de España? ¡Que la situa estaba tenaz!” y demás cuentos por el estilo adornan el ajiaco hecho de las 20 papas que sólo la mamá de uno o la suegra saben hacer. Y una, como la mujer acomedida que debe ser la que se casó con el hijo de la señora Torres, se ofrece a poner la mesa, a servir la gaseosa y a cortar el mango de la ensalada porque le queda mejor. Pero todas esas acciones, que al final terminan enriqueciendo la relación nuera-suegra, son en realidad muestras de amor. Amor por mi esposo, por su mamá que lo trajo al mundo y por un futuro en el que ojalá ella me enseñe a hacer el ajiaco para mis hijos (los que no han nacido). 

La gente a veces no se da cuenta de que la aman si no le dicen TE AMO cada minuto y no puede haber nada más triste que eso. Mejor gritar con hechos ese amor y yo sí que lo he hecho feliz cuando estoy en el estadio y todo está pintado de azul; las camisetas azules, las banderas azules, las caras azules y hasta los jugadores azules. Sin embargo, he ahí la cuestión, la causa de mi felicidad no es el azul y Dios quiera que nunca lo sea, porque mi papá me crió como buena santafereña, pero me hace feliz acompañar a mi Romerito y los suyos los días que millonarios juega. Incluso he sido capaz de no llegar a la entrega de un premio de maquillaje que me gané, por quedarme horas extra en la oficina, participando en un concurso sobre nombres de jugadores históricos de millonarios para boletas de un partido. Ahora ya sabe la señorita Alba porqué no llegué a la cita.

Soy cursi cuando me dan permiso y como aquí mando yo, pues me di permiso de escribir sobre amor en el mes más blandito del año: Septiembre. Que Cupido les fleche esas pompas con muchas ganas si aun no tienen pareja que les ayude a examinar sus partes nobles sin intenciones sexuales o si todavía no tienen la suerte de tener suegra para que les cuente chismes o les enseñé a cocinar; y si ya tienen amor, a disfrutarlo y mostrarle con más hechos y menos palabras. Por lo pronto me dispondré a comerme mis papas con sabor a hamburguesa que me mandó mi amigo secreto, porque sí!, yo jugué al amigo secreto, por puro interés y porque quiero un regalo bonito.

Con amor, amor y más amor,
Catt

   
*Si se lo preguntan, el asunto de la masa no pasó a mayores
*He sido una irresponsable con este baby blog, pero al que estudia, Dios no
le da tiempo para perder. 

Pongo la canción para mi adorado Mero, pero la letra para que se atrevan a amar más seguido.


1 comentario:

  1. jaja gracias al cielo tuve tiempo de leer este post, y entiendo perfectamente por que no llegaste a la entrega de el premiesillo y para el café. Pero el café sigue en pié, y me encantaría sentarnos y hablar un par de horas. que dices!

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